El jugador de casino no dejaba de quejarse de su mala fortuna, golpeaba todo lo que se le presentaba a mano. Era ese número restante, su favorito y ganaba el pozo acumulado del bingo. No podía entrar en razones, los compañeros de sala lo apoyaban y le daban el máximo consuelo. El premio mayor del bingo se le había escapado por sólo un número y no lo podía creer, estaba desganado por no haber logrado esa victoria tan anhelada.
Los demás jugadores de apuestas y sus más cercanos compañeros de juego querían levantar su ánimo, pero no había caso. Todo era desdicha para el jugador de bingo y no podía creer que le hubiera sucedido eso. Un jugador tan correcto y afamado que explotó por causa de que no saliera su bolilla favorita, pero así es el juego. El bingo o keno tiene eso de locura y sorpresas, muchas veces ocurren sucesos similares y resultan complicadas para cualquier jugador. Tener el pozo al alcance de la mano y no poder conquistarlo. Pero hay que llevar estas rachas lo mejor posible y continuar hasta ganar, son situaciones que les suceden a muchos jugadores de bingo.
Los compañeros de sala se alejan de su alrededor y el jugador se aleja algo cabizbajo. Todavía no lo puede creer, enciende un cigarro y emprende la marcha hacia su hogar. Todos los demás apostadores lo observan mientras las partidas de bingo continúan a gran ritmo con alegrías y algunos sinsabores, como la propia vida.






